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23 abril 2024
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Hector Llaitul «dicen que aborrecen la violencia, pero el Estado la utiliza y su monopolio la deja caer de la manera más rotunda y cruel sobre nuestra gente»

«Basta observar como las fuerzas armadas ya tienen, no solo el control sino las prerrogativas para actuar contra nuestra gente movilizada. Nada más alejado de sus supuestas intenciones democráticas, estamos en presencia de una dictadura militar en Wallmapu.»

Desde el 24 de agosto del 2022, Hector Llaitul Carillanca, miembro activo y vocero político de la Coordinadora Arauco Malleco, se encuentra encarcelado con imputaciones relacionadas a la Ley de Seguridad del Estado. En la actualidad, dicha causa se encuentra en la fase de preparación de juicio oral, tras numerosas dilataciones que lo mantienen en el Centro de Cumplimiento Penitenciario del Bíobío en Concepción. LLaitul, debido a sus planteamientos y nutrida participación en el movimiento mapuche autonomista, no es la primera vez que permanece en prisión, lo cual no ha sido impedimento para que sus pronunciamientos salgan a la opinión pública, como el siguiente análisis de contingencia, publicado en el facebook de Werken Noticias, el reciente 1º de julio.

 

Miente, miente, que algo queda

Últimamente se han levantado desde los medios oficiales y la prensa burguesa distintos estigmas y seudoverdades sobre el movimiento mapuche autonomista. También sobre nuestra gente, nuestra causa y nuestras expresiones de lucha. Ideas como “terrorismo”, “narcoterrorismo” o “criminales organizados”, “ladrones de madera”, han venido acompañadas de una supuesta “gran noticia”: la desarticulación de la CAM, así como del movimiento revolucionario mapuche.

Y en la realidad todo esto es falso, es ficción, aunque por repetición esta premisa se logra instalar en la agenda pública y mediática. Es el miente, miente, que algo queda. Así ha funcionado a lo largo de la historia, incluso en la época nazi fue parte de su propaganda para el exterminio, y sigue funcionando hoy en día en el contexto de la causa mapuche.

Sin embargo, hemos de sostener que, sin lugar a dudas, el movimiento autonomista y revolucionario mapuche goza de buena salud. Cuestión que se demuestra en la continuidad de las recuperaciones territoriales y las acciones de resistencia, principalmente los sabotajes que no han cesado en los últimos años. El punto es que tales verdades no convienen a los medios de comunicación hegemónicos, ni a sus dueños y menos a sus sostenedores, que son los mismos de los grandes consorcios económicos que enfrentamos en los territorios.

Así, la idea de vincularnos a grupos delictivos o de anunciar nuestro deceso como organización, no es más que parte de las nuevas estrategias del actual del gobierno, de la prensa al servicio de las forestales, para instalar una imagen altamente sesgada y distorsionada de la realidad.

Reafirmamos esto, porque como organización seguimos vigentes en los diversos procesos de recuperación territorial, en donde seguimos controlando predios que son la base del movimiento de resistencia y de lucha concreta. Territorios donde existe autodefensa y se mantienen operativos los ORT, quienes siguen demostrando y realizando, con astucia y valentía, golpes al gran capital en Wallmapu.

El desarrollo del movimiento mapuche autonomista y el Estado de Excepción

A lo largo de tres décadas el movimiento mapuche autonomista ha madurado en distintas dimensiones de su desarrollo interno, dando continuidad a la política de recuperación territorial y avance en el proceso de reconstrucción nacional. A diferencia de los 90, hoy en día podemos hablar de un movimiento robusto, ideológicamente en consolidación y con distintas expresiones, donde la CAM se ubica en la línea mapuche revolucionaria, sin variar un ápice en los principios y línea que nos legaron los futa keche, en cuanto a mapuche kimun ka, mapuche rakiduam.

Esto ha provocado que las respuestas de los distintos gobiernos pasen del consenso a la coerción, cíclicamente, y de ahí a una apuesta represiva y militarista. Siendo esta última la modalidad preferida en los años recientes, para frenar los avances del movimiento mapuche a través del Estado de Excepción.

Esta herramienta constitucional es la respuesta del Estado y las forestales al desarrollo del movimiento mapuche autonomista. Movimiento que el mismo Gabriel Boric adulaba cuando era dirigente estudiantil y diputado, y que ahora reprime de la forma más cruel y desmedida, jamás conocida con tal dimensión. De hecho, su gobierno es el único que ha mantenido a los militares permanentemente durante todo su mandato, trastocando su propia condición de excepcionalidad.

La recuperación y el control territorial sigue siendo el camino

Un aspecto importante que ha madurado en el debate y discusión al interior del movimiento mapuche autonomista son las estrategias para recobrar nuestras tierras. Hace años que la CAM instaló la idea y necesidad de pasar de las recuperaciones territoriales al control territorial. Es decir, ejercer una verdadera soberanía mapuche sobre los predios en disputa, cuestión que ciertamente agudizó las contradicciones y polarizó el conflicto, por la respuesta del empresariado comprometido en defender sus intereses.

Esta agudización del conflicto creo un nuevo escenario, ya que se dejó de depender de la política estatal de restitución de tierras y de las diversas instancias privadas y públicas que la impulsaban, y se pasó a recuperar la tierra de facto para hacer vida mapuche. Un salto cualitativo que permitió y permite una mayor formación política, ideológica y cultural que fortalece nuestra lucha.

Actualmente no son pocas las comunidades, lof en reconstitución y organizaciones que entienden de esta manera la lucha y nuestra liberación. Ya no se trata de mendigar migajas, tal como los gobiernos nos habían acostumbrado una vez acabada la dictadura, sino de ocupar lo que nos pertenecía y que ahora está en manos de las forestales, los latifundistas y otros proyectos extractivistas.

De ahí que se hace necesario el weychan, su restablecimiento ancestral, la confrontación política y una práctica revolucionaria directa, mediante distintas formas de lucha que han sido abrazadas no solo por las comunidades camche, sino por diversas organizaciones y comunidades en todo el territorio.

Es en estos espacios recuperados y controlados mediante el weychan, es donde se pone en cuestión la reproducción del capital, toda vez que iniciamos en estos predios un importante trabajo productivo, político y cultural que intenta erradicar las formas económicas y sistémicas que han dañado a la tierra y a nuestra gente. En este sentido, las forestales son nuestras principales enemigos, ya que, además de ser estos conglomerados económicos los mayores usurpadores de nuestro territorio antiguo, son también los principales responsables de los últimos desastres ecológicos, tal como pasó con los incendios hace un tiempo.

Otra vez, el indigenismo se recicla y toma cara de Comisión

Nosotros nunca esperamos nada bueno del gobierno de Gabriel Boric, ya lo veníamos avizorando con antelación. Es decir, era casi lógico que seguiría la ruta de las “comisiones”, tal como lo hicieron sus predecesores. Ahora bien, dos cosas llaman la atención de esta medida: la primera, que se da en un escenario de mayor militarización. La segunda, que los integrantes de la “Comisión para la Paz y Entendimiento” son parte de líneas continuadoras de la política indigenista y anti-mapuche de los últimos 30 años, cuestión que nos permite augurar el rotundo fracaso de esta nueva instancia.

Asimismo, surgen varias interrogantes: ¿qué significa que para un gobernante “progresista”, como Boric, la paz y el entendimiento se logre ampliando la militarización del Wallmapu? ¿No estaremos en presencia de una estrategia militarista creada e instalada por los fascistas de derecha para imponer a sangre y fuego la dominación por las armas? ¿Por qué éste gobierno propone que por arriba se negocia y por abajo te apuntan con un fusil? Una confusa manera de comprender el diálogo democrático que dicen sostener.

Lo cierto que es caen en su misma trampa, dicen que aborrecen la violencia, pero el Estado la utiliza y su monopolio lo deja caer de la manera más rotunda y cruel sobre nuestra gente. Basta observar como las fuerzas armadas ya tienen, no solo el control sino las prerrogativas para actuar contra nuestra gente movilizada. Nada más alejado de sus supuestas intenciones democráticas, estamos en presencia de una dictadura militar en Wallmapu.

Esta nueva comisión es parte de la tradición de organismos que levantaron los gobiernos de la Concertación para atender fundamentalmente la problemática mapuche, y aunque dichos gobiernos fueron siquiera más inteligentes y osados para elegir a sus integrantes, la actual está nuevamente destinada al fracaso, por que raya en la subordinación a los dictámenes de la ultraderecha. No tan sólo porque seguirá operando bajo la misma lógica tutelar y formalista para supuestamente restituir las tierras de la reducción, sino también por la calidad política y moral de sus integrantes.

Se debe entender que toda comisión por la paz debe estar integrada por personas que “representen” a los sectores en conflicto. Y lo que vemos es la representación de los sectores más conservadores, incluso vinculados a organismos paramilitares como lo es APRA. Hay también ex alcaldes son nulo vínculo territorial, ex intendentes, ex funcionarios de la CONADI e incluso representantes de férreos sectores anti-mapuche que han legitimado el colonialismo y despojo de las forestales y el latifundio. ¿Esta es la forma en que el gobierno intenta destrabar el conflicto mapuche? Lo cierto es que no hay absolutamente nadie que represente al movimiento mapuche, y obviamente no habrá nadie, ni un solo dirigente con ascendiente en la lucha territorial.

De hecho, se debe considerar que los supuestos “mapuche”, integrantes de la comisión, están tan subsumidos al poder, por lo que no pretenden plantear la restitución de las tierras ancestrales o denominada tierras antiguas, y más bien hablan de proyectos e inyección de recursos. Son unos derrotados y funcionales al servicio de los poderosos que, más aún, negociaran migajas y dádivas, en circunstancias que hay comunidades sitiadas por la bota militar y con decenas de hermanos presos, rehenes del Estado.

Estamos frente a una instancia que además nace con fórceps, por la necesidad de mostrar algo ante la presión internacional en la búsqueda de una solución pacífica. De hecho, han planteado incluso, elaborar un diagnóstico respecto al tema de las tierras, en circunstancia que ya se sabe cuáles son las tierras demandadas, y muchas con procesos de recuperación durante décadas. Nuestro pueblo y sus organizaciones territoriales ya tienen un diagnóstico muy claro al respecto, principalmente las referidas a las tierras antiguas.

Por esto, evidenciamos que no hay claridad ni se plantea una discusión respecto de cómo va a ser la forma de devolución de los territorios. En definitiva no existe ningún programa con un objetivo definido, no existe ningún destino, lo que demuestra es que ,solo es un instrumento para el engaño y la corruptela. Si a esto se suma el hecho, que la sola elaboración del diagnóstico va a demorar un par de años y que la solución podría venir en los próximos gobiernos, esto se constituye en una verdadera farsa, sobre todo si se considera que éste gobierno esta allanando el camino para una futura gobernanza en manos de neofascistas.

Hoy todo indica que se producirá todo lo contrario a lo que busca el gobierno, es decir, aumentará la polarización desde abajo y desde las comunidades. Esto no solo por la nula representación de esta comisión, que funciona sobre mecanismos podridos, sino por la afrenta de desconocer la digna y legitima lucha mapuche que tanto sacrificio y costo nos ha traído.

Por último, es razonable preguntar ¿paz y entendimiento con presos políticos mapuche? un aspecto más que se suma a este misterio y predecible fracaso. Nuestra gente, principalmente nuestros militantes, hemos sido objeto de toda clase de aberraciones racistas en materia penal. Estos van desde abusos concretos a nuestras familias con la situación carcelaria, hasta la participación de testigos sin rostro en los juicios que debemos afrontar.

Y en tal sentido, podemos afirmar que otra vez somos objeto de un montaje -como el caso Huracán-, útil para sofisticar la política represiva contra el movimiento mapuche autonomista de base territorial, persiguiendo las ideas y el pensamiento emancipatorio mapuche. Y que mejor ejemplo que lo visto en mi caso y que lo reafirma, con el último episodio de desacreditar a una jueza garantista y designar a dedo por el poder un nuevo juez, que de seguro obrará según lo que establezca la fiscalía y los querellantes de las forestales.

Frente a lo anterior es que seguimos haciendo el llamado a nuestro pueblo a mantener la movilización activa y combativa, y por los derechos más fundamentales de un pueblo originario. Por territorio y autonomía amulepe taiñ weichan.!!

Héctor Llaitul CAM – Julio 2023

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